¿Cuántas veces te has parado delante del espejo y no te ha gustado lo que ves? Muchas, pocas, te pasa siempre o quizás nunca te ha pasado, las respuestas son infinitas pero sea la que sea tienes que saber que tu no vales por lo que ves en ese espejo, tu valor va mucho más allá de tú físico, y a pesar de que el físico en la sociedad es muy importante no es lo más valioso.Hoy por hoy puedo decir que verme delante del espejo no me causa asco, ni desprecio; pero antes si lo hacía y lo peor era que en todos los lugares me encontraba con uno y cada vez que veía más asco y desprecio sentía, llegó un punto en el que no soportaba ver mi reflejo. Fueron momentos muy complicados en mi vida, y lo peor era que no sabía como lidiar con lo que me pasaba, hablaba con mi madre, lloraba, decía que iba a cambiar pero no es fácil, no es fácil pasar de odiarte a amarte en un solo día.

Pero sabéis el momento que peor llevaba era cuando me veía desnuda y podía ver todas las imperfecciones que con la ropa intentaba esconder y ese momento era matador, si ya tenía la autoestima por el suelo, cuando me veía sin ropa era el acabose de mi vida y mi existencia, si hubiese podido habría roto todos los espejos de mi casa para no verme en ellos.

Delante del espejo

El espejo fue mi gran enemigo por muchos años, hasta que un día, después estar dando vueltas a una idea un mes entero, decidí que cada vez que estuviera delante del espejo intentaría decir una cosa que me gustara de mí, no fue difícil fue una guerra en contra de mi misma y fue muy grande porque estaba tan mal que no conseguía ver nada bonito en mí, todo lo que veía eran defectos y más defectos, pero había tomado una decisión y tenía que llevarla acabo, por mucho que costara.

Empecé por ver que era lo que más me gustaba de mi cara y cuando conseguí ver algo bueno lloré de la emoción, así poco a poco mi forma de verme a mí misma fue cambiando, no voy a mentir, si no recuerdo mal creo que tarde en verme medianamente bonita después de un año de hacer el ejercicio de mirarme y ver mis virtudes, que no necesariamente eran físicas.

Sabéis lo que comprendí de todo esto, que las personas tenemos una visión distorsionada de nosotros mismos y que nos centramos más en nuestro exterior, que trabajar en nuestro interior. 

Compartir: